Cuentan que una vez, había un rey muy caprichoso y excéntrico,
que tenia una hija muy hermosa,
y aunque su intención era casarla,
puso como condición algo poco común
y quizás, un poco absurdo:
Determinó que se casaría con su hija
y heredaría parte del reino,
aquel hombre que fuera capaz de hacer volar un Halcón,
que desde hace mucho tiempo,
estaba posado sobre la misma rama.
Sin embargo, pasaban las semanas y nadie del reino
pudo hacer volar al Halcón,
a pesar de todos los trucos y mañas
que utilizaban los cientos de hombres que lo intentaron.
Pero una mañana,
el rey se levanto y vio volando al Halcón por su jardín.
¡Que alegría!
Su hija ya tenía pretendiente.
Cuando mandó a llamar a la persona que había hecho semejante milagro, le preguntó:
¿Fuiste tú quién hizo volar al Halcón?
¿Como lo hiciste? ¿Eres mago acaso?
Y con una mezcla de felicidad y nerviosismo,
Y con una mezcla de felicidad y nerviosismo,
el humilde campesino explicó al Rey…
Realmente no fue nada difícil, Su Alteza,
lo único que tuve que hacer fue
cortar la rama en la que el Halcón estaba posado,
y entonces,
el halcón recordó que tenía alas y simplemente se levantó vuelo.